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La página de un americano,  latino, uruguayo,  sanducero,  batllista y libertario  

Publicado el jueves 22 de julio de 1999.

Publicado en la prensa el jueves 22 de julio de 1999.

Jóvenes no podrán pagar deuda interna

Las nuevas generaciones, las más afectadas por la crisis regional en su calidad de vida, no podrán pagar el endeudamiento interno del sistema que los actuales gobernantes le han puesto sobre sus espaldas. Los altos impuestos que provocan desempleo y pobreza, y el virtual desmantelamiento del aparato productivo debido a la rentabilidad negativa del capital nacional invertido, le impiden proyectar un futuro viable a sus afanes y poder cumplir con sus aumentadas obligaciones generacionales.

La situación de la economía regional se explica porque los Estados nacionales pusieron el MERCOSUR a su servicio aumentando el gasto público a un nivel impagable para los sectores productivos de Brasil, Argentina y Uruguay y con ello la región hoy es la que más preocupa a nivel de la economía mundial. Hoy día, el proyecto regional es más el privilegio de las altas burocracias de los estados nacionales, que la causa de los pueblos como lo querían los libertadores. El modelo aplicado en la región ("convertibilidad" en la Argentina, "tablitas" en Brasil y Uruguay) no tiene un futuro más allá de fin de año y su colapso es temido en Wall Street.

En nuestro país la "tablita" Lacalle-Sanguinetti-Volonté aumentó los gastos del Estado hasta niveles anticientíficos: el Estado se lleva casi cuatro pesos de cada diez que se producen por año, el doble y el triple de lo que se llevan el capital, el trabajo y los costos tecnológicos, y mucho más que cualquiera de los factores necesarios para la creación de riqueza, y -a diferencia de éstos- el Estado es casi innecesario en dicho proceso de creación de riqueza.

En el Mercosur el Estado Uruguayo es el más pesado para su sistema productivo, (capitales, trabajadores, tecnología), con una incidencia del 37% del PBI, Argentina lo sigue y los más livianos o soportables son Brasil y Paraguay. Casi siete mil millones de dólares por año cuesta el Estado en Uruguay, una cifra igual a lo que valen todos los campos del país. En otras palabras: este modelo de política económica que beneficia a no más de cincuenta mil personas se gasta por año todo lo que valen los campos del país.

Como ejemplos baste citar a la Intendencia Municipal de Paysandú que elevó sus gastos de u$s 3:227.203,13 dólares en 1985 a u$s 24:396.681,97 en 1997 y tiene previsto gastar casi 29 millones de dólares este año. Aumentó 10 veces en 14 años. El Banco de Previsión Social gastará este año el doble de lo que gastaba el Estado entero en 1989, casi u$s 4.300 millones de dólares y si se examina sus prestaciones se podrá decir que es un Estado dentro de otro Estado, con sus propios impuestos, sus procedimientos secretos y sus causales especiales, pero no que es un sistema de previsión social porque quien más aporta menos recibe, quien más debe todavía no empezó a trabajar, y se sustenta en base a impuestos que se recaudan mes a mes, ya que no tiene ningún ahorro. Los últimos incrementos de las tarifas de empresas públicas son debidos a urgencias del BPS, ya que la energía eléctrica y los teléfonos aumentaron al doble en diez años en valor dólar.

En números de la Rendición de Cuentas 1998 sólo las transferencias del Gobierno Central a la Seguridad Social se llevan todo lo que el Estado recauda por IVA (u$s 1.928:) y más. Para financiar el BPS y estas transferencias con el IVA como único impuesto habría que llevar el IVA al 55%. A pesar de dos reiteraciones de pedidos de informes, uno de los cuales por el Plenario de la Junta Departamental, el Directorio del BPS no le ha contestado a este Edil cuántas ni porqué monto son las jubilaciones de cargos políticos y de particular confianza que se están pagando.

El instrumento utilizado para dicha apropiación de la riqueza que el Estado transfiere a sus beneficiarios sacándola del bolsillo de todos sus habitantes fue fijar un precio arbitrario, ilusorio y de conveniencia para sus órdenes de pago internas, sus monedas nacionales, respecto de los patrones de la riqueza en el mundo -patrón dólar- pero dicho precio del peso no tenía ninguna relación con la capacidad nacional de crear riqueza, ni con la competitividad de la economía, ni con el nivel de impuestos, ni con la eficiencia de la infraestructura y servicios que posibilitan la generación de riqueza. Este mecanismo -convertibilidad, tablita- se transformó en un formidable impuesto que sumado a los demás impuestos hace que hoy el trabajador uruguayo trabaje mitad y mitad con el Estado, que a las empresas con capital nacional se les haya confiscado la mitad del valor de sus productos vendidos en los últimos diez años, y que la economía trabaje con intereses impagables en el mundo.

Bloqueado el círculo virtuoso de la creación de riqueza -más rentabilidad es igual a mayor consumo igual a mayor inversión igual a prosperidad- por los altos costos del Estado, deviene la época del círculo vicioso de la pobreza -menos rentabilidad igual menos consumo igual menos inversión igual más pobreza-.

 

El propio Estado está sufriendo ya las consecuencias de las tropelías anticientíficas de algunos economistas de la su alta burocracia como los Sres. De Haedo y Davrieux: según datos de enero-mayo del Banco Central la recaudación del gobierno cayó 8,14% y los ingresos de la administración central por impuestos internos bajaron 7,4%, y la tributación del comercio exterior resultó 23% inferior. Dichos economistas deberían explicar cómo piensan pagar sueldos y jubilaciones si recaudan cada vez menos impuestos porque han desmantelado el aparato productivo nacional al confiscar la renta del capital invertido mediante impuestos explícitos, implícitos y cambiarios

 

El fracaso de la "línea Europa" de política comercial internacional seguida en estos dos últimos períodos de gobierno agravó esta situación general: en términos comerciales la Comunidad Económica Europea se reveló como un mal socio porque nos vende de todo y nos compra de a poco y por poco, situación a la que está obligada por su grave retraso tecnológico respecto de Estados Unidos y Asia y el creciente peso de un sistema impositivo casi medieval.

 

Es esta situación la que nos lleva a concluir en la imposibilidad de las nuevas generaciones de asumir el pago de la deuda interna del sistema.

 

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