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La página de un americano,  latino, uruguayo,  sanducero,  batllista y libertario  

 

Publicado el 23 de junio de 1998 a las 19:44

Situación Económica Actual


La serie de devaluaciones provocadas por los "tigres asiáticos" ha causado que la producción global de la economía japonesa cayera un 5,3% en el primer trimestre del año, luego que en los últimos tres meses de 1997 el PBI cayó a una tasa anual de 1,5%.

La moneda japonesa se depreció hasta 146 yenes por dólar, lo que fue su valor más bajo de la década y significaba una depreciación de 25% desde el comienzo de la crisis asiática, lo que provocó la amenaza china de devaluar el yuan para salvaguardar la competitividad de sus exportaciones frente a las japonesas lo cual aceleró la multimillonaria intervención de Japón y los Estados Unidos para sostener el yen.

Las monedas asiáticas siguen cayendo y dotan de una competitividad extraordinaria, aunque sea circunstancial, a las exportaciones de los países en crisis monetaria, al tiempo que cierran sus mercados, de hecho, a las exportaciones de otras naciones.

El martes la Bolsa de Argentina cayó casi un 5 por ciento, y poco después el gobierno de ese país anunció la suspensión de un conjunto de obras públicas previstas, a fin de preservar recursos para el financiamiento de otras zonas afectadas por la salida de capitales.

A pesar de las presiones ya es un hecho la tendencia asiática de aumentar su participación en el mercado mundial en base al abaratamiento continuo de sus exportaciones utilizando el mecanismo de las "devaluaciones para competir mejor". Si China imita esta política de vender más, Brasil no podrá correr el riesgo de perder mercados, y soportar mayor penetración en el interno, con lo cual deberá abaratar los costos internos, ya por la negociación política o por la devaluación lisa y llana.

De consecuencia Argentina perderá un gran comprador y a su vez ajustará. Esto nos deja un escenario próximo -a partir de octubre- donde estos impactos se sentirán de lleno en la economía uruguaya.

El costo de producir en el Uruguay es muy alto debido al tamaño del Estado uruguayo. Gasta por año una cantidad equivalente a lo que valen 12 millones de hectáreas de las diecisiete con que cuenta el país, y el sistema económico está endeudado en el 274% del PBI, excediendo lo que valen todos los activos del país. A esto se suma que la economía uruguaya compra más de lo que vende por una diferencia de casi mil millones de dólares anuales, lo que no es un signo de eficiencia precisamente.

Con este monto del gasto público los sectores externos de la economía uruguaya compiten dificultosamente y no son recompensados ni por salarios en expansión ni por mayor retorno del capital invertido y los sectores del mercado interno los proveen de insumos caros debido a la mayor presión fiscal. Ejemplo de ello es el sector rural, sector que provee la materia prima de más del 70% de lo que vendemos al mundo, pero que a consecuencia de los bajos salarios y mínimo retorno del capital invertido ha perdido el 20% de su población en los últimos once años, debido a la política de abaratar el dólar y encarecer el peso provocado por un manejo económico a beneficio del Fisco. El PRONAPPA (Programa Nacional de Apoyo al Pequeño Productor Agropecuario) y el FIDA (Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, una Agencia Especializada de Naciones Unidas), en 1997, determinaron que el 43% de las explotaciones agropecuarias del país, estaban por debajo del umbral de pobreza fijado por CEPAL.

Ejemplo de ello también es el parque industrial sanducero que perdió la mitad del poder de compra de sus exportaciones por el impuesto del atraso cambiario.

Con este nivel del gasto público y con la debilidad de sus sectores externos en un contexto mundial de abaratamiento continuado de los costos de producción -si Brasil ajusta- la devaluación del peso uruguayo será difícilmente evitable, porque se habrá llegado a la situación de no poder vender ni en el MERCOSUR debido a lo caro que se produce.

En una economía globalizada la empresa o el país que no abarata su precio final mediante la incorporación de tecnología o por la baja de sus costos internos sale de mercado, y esto se aplica a las empresas, pero también a los países, también a los Estados Nacionales. Véase Asia.

A la economía -que es el bolsillo de los demás- no se la engaña, y el consumidor es el rey en este tiempo y demanda calidad y precio, y si no lo encuentra no compra, y si no compra no gasta, y si no gasta no genera empleo, ni impuestos, ni retorno de capital invertido.

Esta evidencia de los tiempos parece ser ignorada por algunos políticos que creen estar viviendo la repetición de lo que vivieron en su juventud, y no es así. Estos tiempos son otros.

Ya no es posible volver a los cincuenta, ni al Estado diseñado en los años cincuenta, ya no hay cautivos bajo bandera, los pueblos desean vivir sus nuevas libertades.

Antes los Estados Nacionales no competían tanto entre sí, ahora lo hacen desenfrenadamente por captar capital externo, inversores y tecnologías.

El Estado que permita un mayor retorno de la inversión es el mejor Estado.

La ausencia de estadistas en la clase política nacional agravará las consecuencias de las actuales guerras económicas que se están librando en el mundo porque se sumarán sus efectos devastadores con más la imprevisión local.

Una devaluación puede ser evitada si se toman medidas adecuadas, como revisar el costo-país, el costo asociado del Estado y la reingeniería de los servicios gubernamentales. Ningún sector externo que trae las divisas al país puede soportar que el costo de la Intendencia de Paysandú haya pasado de nueve a veinticinco millones de dólares en diez años, ni que el costo del Estado Nacional se triplicara en el mismo período. Esta situación es insostenible, y la arreglan los hombres en una negociación política o la va a corregir la economía mundial, lugar donde mal que les pese a los economistas de la alta burocracia del Estado, participamos, vivimos.

Esta situación en principio evitable, esperemos que sea asumida por una generación de políticos que se ha preocupado de repartir a los demás lo que pagan los demás, generación que sabe y le consta que a su retiro deberá contar con el apoyo de la adolescencia y de la infancia, precisamente de aquellos que hoy no pueden votan, ni siquiera por sus representantes legales, sus padres, porque el sistema electoral no los considera.